En la última década, el hidrógeno verde (H2V) ha sido presentado como el "combustible del futuro", una pieza clave para que el mundo alcance la neutralidad de carbono. Sin embargo, detrás de las promesas de descarbonización se esconde una compleja trama de intereses económicos, estrategias estatales y tensiones territoriales. Para desentrañar estos mecanismos, el académico de la Facultad de Gobierno de la Universidad de Chile, Antoine Maillet, ha puesto en marcha su nuevo proyecto Fondecyt Regular 2026, titulado "Entre el imperativo climático y la carrera por el crecimiento: el caso del hidrógeno 'verde' en América del Sur. Un análisis desde la ciencia política".
La investigación surge en un momento crítico: tras un periodo de euforia global, la industria comienza a enfrentarse a la realidad de los costos, la infraestructura y la viabilidad técnica. "Yo formulé el proyecto hace dos años, en contexto de boom de hidrógeno verde. El objetivo formulado en ese entonces era analizar los distintos grados de avance de las políticas y proyectos de hidrógeno de baja emisión de carbono en los países de América del Sur", explica Maillet.

Sin embargo, el investigador advierte que el escenario ha mutado rápidamente: "En los últimos meses quedó en evidencia que el boom pasó, por lo que además de explicar este avance dispar del impulso al hidrógeno en los distintos países, va a ser interesante observar cómo se ajustan al nuevo contexto".
La Tensión: ¿Descarbonización o Nuevo Extractivismo?
Uno de los pilares del proyecto es el análisis del dilema entre la protección del clima y la necesidad de crecimiento económico. En América del Sur, esta tensión es particularmente aguda. Maillet señala que, si bien la lucha contra el cambio climático y el afán de intensificar la actividad económica pueden parecer contradictorios, a menudo se entrelazan a través de la "climatización" de los intereses corporativos.
Al ser consultado sobre si el hidrógeno verde es una herramienta real de descarbonización o una nueva forma de extractivismo, Maillet es cauteloso y propone tres puntos críticos de análisis:
- Sustitución vs. Adición: "Solo podría ser efectivo si se trata de una sustitución a usos actualmente en curso. Si es para desarrollar nuevas actividades, no es realmente una descarbonización, sino solo seguir sumando fuentes de energía", señala el académico, citando la tesis de Jean-Baptiste Fressoz sobre la acumulación histórica de fuentes energéticas en lugar de su reemplazo.
- Impacto Territorial: Incluso si se lograra la descarbonización, los megaproyectos planteados pueden tener afectaciones ambientales severas. Maillet aboga por proyectos "menos invasivos y pensados para conectar con el entorno".
- Orientación al Mercado Interno: El investigador enfatiza que para evitar el patrón extractivista, la industria no debe mirar solo hacia afuera. "La industria del hidrógeno no debería estar orientada exclusivamente hacia la exportación", afirma, basándose en estudios recientes que demuestran que este enfoque no ha sido efectivo para promover la industria localmente.
Desafíos para el Estado y la Gobernanza
Chile ha manifestado una ambición explícita por liderar el mercado global de H2V, posicionándose como uno de los productores más competitivos por sus ventajas geográficas. Pero, desde la ciencia política, esta ambición conlleva riesgos de gobernanza que el proyecto de Maillet busca identificar.
"El Estado se ha manifestado entusiasta, contribuyendo a subir las expectativas que ahora pueden verse defraudadas. Hay alternativas para un mejor manejo de la incertidumbre", advierte el académico.
Para Maillet, el desafío no es solo técnico o económico, sino profundamente social y político. Es imperativo "mejorar la conexión con los territorios donde se instalarían los proyectos, no eludiendo las preguntas difíciles en cuanto a impacto ambiental y social".
Más allá de la Competencia por el "Precio Más Bajo"
El enfoque comparado del proyecto permitirá a Chile mirarse en el espejo de sus vecinos sudamericanos. Aunque el discurso oficial chileno es el de liderazgo mundial, Maillet recuerda que es una narrativa compartida por muchos países, lo que genera una competencia que solo beneficia a los compradores internacionales.
"A los eventuales compradores les sirve esta competencia entre oferentes, pero los actores en Chile y sus territorios podrían desarrollar una perspectiva más integral que solo entrar en esta competencia por el menor precio", concluye.
Con este Fondecyt, la ciencia política chilena busca aportar una mirada crítica y necesaria para que la transición energética no sea solo una meta numérica de emisiones, sino un proceso de desarrollo justo, sostenible y estratégicamente sólido para la región.
